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En el año 2010 la sociedad cántabra se enteró por la prensa de que varias áreas de la región albergaban gas suficiente como para abastecernos por muchos años e incluso exportar los excedentes. Únicamente un pequeño detalle: como el gas está contenido en estratos de pizarra a varios cientos, incluso miles, de metros de profundidad, para su extracción hay que hacer perforaciones de esa longitud por donde se introducen grandes cantidades de agua a presión con ‘ciertos’ aditivos químicos. Esta técnica se viene utilizando en algunos estados de USA desde hace algunas décadas, a pesar de la gran controversia social que despierta. En tiempos recientes se han publicado varios trabajos en algunas de las más prestigiosas revistas científicas del mundo en el campo de los procesos naturales, basados en los estudios realizados en esos estados, que vienen a arrojar algo de luz sobre la supuesta panacea.
Una de las cuestiones cruciales es si la técnica denominada fractura hidráulica produce contaminación del agua. La respuesta es SÍ (Howarth & Ingraffea, 2011). El problema más común en la construcción de pozos de perforación es que el sellado para prevenir la migración del gas (principalmente metano) contenido en las pizarras a las aguas subterráneas es defectuoso. La contaminación por metano en zonas afectadas por fractura hidráulica está bien documentada en la literatura científica (Osborn et al. 2011), aunque aún existe cierta controversia en cuanto a si es debida a causas naturales, esto es, a la propia presencia de metano en esas zonas, o a la utilización del fracking. En paralelo, en New York y Pennsylvania ya se ha documentado la contaminación de los afluentes del río Ohio con bario, estroncio y bromuros procedente de las estaciones depuradoras municipales que reciben los desechos del fracking. En este sentido, un trabajo recientemente publicado incide en que la gestión del agua es uno de los elementos clave que dominarán el debate ambiental alrededor de la industria del gas-pizarra (Vidic et al. 2013). La inquietud social que provocan las grandes cantidades de agua contaminada que son llevadas a la superficie en zonas donde se está utilizando el fracking se está tratando de solucionar mediante la reutilización del agua contaminada.
Pero el fracking también produce contaminación del aire a nivel local, a menudo a niveles peligrosos. Por ejemplo, el estado de Texas informó sobre concentraciones de benceno en el aire en un área de influencia del fracking que en ocasiones sobrepasaban incluso los criterios estándares de toxicidad aguda, lo que representa un riesgo evidente de cáncer por exposición crónica a este compuesto (Talbott et al., 2011). Las emisiones de toda la maquinaria necesaria pueden generar niveles muy altos de ozono a nivel del terreno, tal y como se ha documentado en Colorado, que no había experimentado niveles severos de contaminación del aire antes de la llegada del fracking.
El argumento principal para implantar o continuar con el fracking para extraer el gas de las pizarras descansa en que el tamaño del recurso es presumiblemente gigantesco. Los principales defensores, todos ellos con amplia trayectoria en empresas energéticas, esgrimen el siguiente mensaje, repetido como un mantra por los políticos en estos tiempos de crisis: el fracking es crucial para la estabilidad económica global; los beneficios económicos compensan sus riesgos ambientales (e.g. Engelder, 2011). Ni un solo trabajo científico apoyándolo. Pero ya se sabe, una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.
Sin embargo, cada vez hay más voces autorizadas que indican que esta supuesta riqueza podría ser una enorme patraña, detrás de la que seguramente se esconden enormes beneficios privados a corto plazo por el camino de la especulación. Por ejemplo, el Servicio Geológico de Canadá concluye en un informe oficial que los pronósticos han sido exagerados. Apoyándolo, el Servicio Geológico de USA produjo recientemente una nueva estima de la cantidad de gas en una de las áreas donde se utiliza el fracking para su extracción de las pizarras, concluyendo que su propio Departamento de Energía había quintuplicado previamente las estimas del recurso (Coleman et al., 2011).
Aunque es indudable que los recursos de gas existentes en las pizarras son muy grandes, se debería alcanzar una tasa de perforación sin precedentes para poder alcanzar las proyecciones de ese Departamento de Energía, lo que dejaría al fracking como una alternativa económicamente inviable. Si fuera así, el entusiasmo reciente sobre el gas contenido en las pizarras podría verse pronto desmoronado, tal y como le sucedió a la burbuja inmobiliaria, cuyas consecuencias sigue pagando el ciudadano de a pie.
Mientras tanto, volviendo a Cantabria y territorios limítrofes, el gas contenido en las pizarras en varias zonas compite por la financiación con las tecnologías de energías renovables, ralentizando la investigación y distrayendo a los políticos y a la sociedad del desarrollo de políticas energéticas sostenibles a largo plazo. Con el tiempo, quizás los ingenieros puedan desarrollar técnicas más apropiadas para gestionar los residuos provenientes del fracking, y quizás también la tecnología utilizada pueda resultar más sostenible y menos contaminante. Mientras esto no ocurra el gas debería permanecer seguro en las pizarras, y la sociedad debería utilizar la energía de forma más eficiente y potenciar el desarrollo de las fuentes de energía renovables de forma mucho más decidida.
 
REFERENCIAS
Coleman, J.L., Milici, R.C., Cook, T.A., Charpentier, R.R., Kirschbaum, M., Klett, T.R., Pollastro, R.M., Schenk, C.J. 2011. Assessment of undiscovered oil and gas resources of the devonian marcellus shale of the Appalachian basin province, 2011. US Geological Survey Fact Sheet 2011–3092.
Engelder, T. 2011. Should fracking stop? No, it´s too valuable. Nature 477: 273-275.
Howarth, R.W. & Ingraffea, A. 2011. Should fracking stop? Yes, it´s too high risk. Nature 477: 271-273.
Osborn, S. G., Vengosh, A., Warner, N. R., Jackson, R. B. 2011. Methane contamination of drinking water accompanying gas-well drilling and hydraulic fracturing. Proceedings of the National Academy of Sciences USA 108: 8172–8176.
Talbott, E. O., Xub, X., Youkc, A.O., Ragera, J.R., Straganda, J.A., Maleka, A.M. 2011. Risk of leukemia as a result of community exposure to gasoline vapors: A follow-up study. Environmental Research 111: 597–602.
Vidic, R.D.,  Brantley, S.L., Vandenbossche, J.M., Yoxtheimer, D., Abad, J.D. 2013. Impact of shale gas development on regional water quality. Science 340. DOI: 0.1126/science.1235009.